sábado, 18 de febrero de 2012

LA FUERZA INTELIGENTE QUE MUEVE EL UNIVERSO


El principio fundamental de equivalencia e interconvertibilidad de masa y energía, demostrado por la ecuación de Einstein E=mc2, da mucho que pensar. La energía nunca se agota sino que se transforma en masa y de nuevo en energía a una velocidad vertiginosa. El filósofo griego presocrático Heráclito ya intuyó algo de esto al afirmar que no es posible bañarse dos veces en el mismo río porque todo fluye y nada permanece. El universo es esencialmente energía aquí y ahora, un sempiterno flujo de energía aquí y ahora. No hay pasado ni futuro en el universo sino sólo el momento presente. Moverse hacia adelante (futuro) y hacia atrás (pasado) utilizando la energía del aquí y ahora parece muy posible. Los viajes en el espacio tiempo no son pues descabellados, con o sin ayuda de máquinas más o menos disparatadas.
    El filósofo griego presocrático Empédocles contraponía el Amor y el Odio como opuestas fuerzas universales. Pero el odio y el amor son las dos caras de una misma moneda. Nadie podría saber lo que es ser amado por unos si no supiese lo que es ser odiado por otros. Más bien parece que la fuerza opuesta al amor es el Miedo. El miedo del guerrero a perder su vida en la batalla a veces se transforma en valentía y le convierte en héroe, pero en general el miedo paraliza o hace correr alocadamente.
    El amor es la fuerza inteligente que mueve el universo. En el mito de la Caverna de Platón, el sol simboliza las ideas de Bien, Verdad y Amor. Al verlo, el cautivo que sale de la caverna liberado de sus cadenas queda al principio deslumbrado. Y seguramente muy asustado, aunque no corre a refugiarse a la caverna para que le pongan otra vez las cadenas a la luz del fuego. No sabe que la luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo, pero pasados los primeros momentos de asombro se siente maravillado, admira la belleza de todas las cosas que el sol ilumina, y no puede evitar amarlas.
    A pesar de todo, es lógico que uno se pregunte: Si la divinidad está en mí hasta el punto de ser ella misma, ¿por qué no la siento y experimento con enorme fuerza? ¿Por qué no recuerdo lo que soy o lo olvido tan fácilmente? Y si las leyes de la metafísica son tan ciertas como las de la física, ¿por qué me siento tan aplastado a la tierra y no me elevo hacia el cielo? ¿Por qué mis tinieblas interiores no comprenden la luz que resplandece? ¿Por qué no encuentro el interruptor de la habitación de mi espíritu? ¿Estaré loco? ¿No serán todo imaginaciones mías? ¿Por qué no acepto ser más que un cuerpo con sus deseos y pasiones? ¿Por qué no me identifico con la pura energía de vivir bajo el sol haciendo caso omiso del absurdo y de la muerte? Quizá la respuesta consista en identificarse sólo con esa pura energía, amarla, estar perfectamente satisfecho y dar gracias simplemente porque es. Y hacer caso omiso de todo lo otro.

Lamentablemente, 10 páginas del brevísimo Evangelio de María Magdalena se han perdido, pero en las que han sobrevivido Jesús es tan enigmático como explícito. Cuando alguno de sus discípulos le pregunta si será destruida o no la materia, dice: “Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche”.
    Pedro pregunta: “¿Cuál es el pecado del mundo?”
   Jesús responde: “No hay pecado. Sin embargo, vosotros cometéis pecado cuando practicáis las obras de la naturaleza del adulterio denominada pecado. Por esto el bien vino entre vosotros, hacia lo que es propio de toda naturaleza, para restaurarla en su raíz”.
    Y prosigue: “Por eso enfermáis y morís, puesto que practicáis lo que os extravía. Que quien pueda comprender comprenda. La materia engendró una pasión carente de la semejanza, puesto que procedió de un acto contra natura. Entonces se produce un trastorno en todo el cuerpo. Por esto os dije: Estad en armonía con la naturaleza, y si no estáis en armonía, sí que estáis en armonía ante las diversas semejanzas de la naturaleza. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche”.
   Estos oídos para escuchar y comprender parecen provenir de la inteligencia del corazón (Nous. Aquí el noúmeno kantiano es tan cognoscible como el fenómeno y evoca la noosfera de Teilhard de Chardin), Intuición (In-tuición, es decir, aprendizaje interior, autoenseñanza) o Intelecto que produce una clara visión de las cosas...
    “Yo - dijo (Mariam, María Magdalena) - vi al Señor en una visión y le dije: Señor, hoy te he visto en una visión. Él respondió y me dijo: Bienaventurada eres, pues no te has turbado al verme, pues allí donde está el Intelecto allí está el tesoro. Yo le dije: Señor, ahora, el que ve la visión ¿la ve en alma o en espíritu? El Salvador respondió y dijo: No la ve ni en alma ni en espíritu, sino que es el Intelecto que se halla en medio de ellos el que ve la visión, y él es el que...” (laguna: faltan las páginas 11-14)                                                       
    En el confuso Evangelio de Felipe, hay al menos algunas cosas claras:
    “El Señor dijo: Mi Padre que está escondido, y también: Entra en tu habitación, cierra la puerta y haz oración a tu Padre que está en lo escondido, esto es, el que está en el interior de todos ellos. Ahora bien, lo que está dentro de ellos es el Pleroma: más interior que él no hay nada”.
   En términos gnósticos, el Pleroma es la plenitud del ser divino del que emana todo lo que existe. Y sobre el amor, dice Felipe:
   “La fe recibe, el amor da. Nadie puede recibir sin la fe, nadie pueda dar sin amor. Por eso creemos nosotros, para poder recibir. Pero para poder dar de verdad hemos de amar, pues si uno da pero no por amor, no saca utilidad alguna de lo que ha dado”.
    Y también:
    “El amor no se apropia nada, ¿pues cómo va a apropiarse algo si todo le pertenece? No dice Esto es mío o Aquello me pertenece a mí, sino que dice Esto es tuyo”.
    Y sobre el devenir de los días en la vida de los seres humanos:
    “Un asno, dando vueltas alrededor de una rueda de molino, caminó 100 millas y cuando lo desuncieron se encontraba aún en el mismo lugar. Hay hombres que hacen mucho camino sin adelantar un paso en dirección alguna. Al verse sorprendidos por el crepúsculo no han divisado ciudades, ni aldeas, ni creación, ni naturaleza, ni potencia, ni ángel. ¡En vano se han esforzado los pobres!”

Esta compleja relación del amor con la energía y la materia es concebida con suprema inteligencia por Simone Weil, máxime por cuanto que fue garrapateada provisionalmente en un cuaderno en Londres (escrito a lápiz) durante su último año de sólo 34 de una vida sin duda heroica:
    “Entre los filósofos socráticos, cínicos, estoicos, ser injuriado, golpeado e incluso abofeteado y soportarlo sin la menor reacción de dignidad instintiva era considerado como una parte del deber de la profesión. El apostolado cristiano era una profesión próxima o idéntica, el precepto de Cristo, poned la otra mejilla, debe ser considerado así, como una obligación de la función particular de apostolado, no como una obligación de la vida cristiana”.
    "La madurez del germen divino depositado en la criatura consiste en la abolición del mal y el desvanecimiento del bien confundido con Dios. ¿Cómo se atreven a pretender que las almas bienaventuradas son distintas a Dios, que están separadas de él, cuando Cristo nos ha dado la orden: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto? Pero los teólogos han debido pretenderlo porque si se dijera a la gente que tienen que escoger entre la aniquilación y la desaparición en Dios, no les parecería que la diferencia fuera suficiente como para que valiera la pena escoger el bien. Mientras que mostrándoles de un lado el látigo a perpetuidad y del otro lado una provisión inagotable de terrones de azúcar, se consiguen hijos dóciles a la Iglesia. La palabra de Dios es la palabra secreta. El que no ha oído esta palabra, incluso si se adhiere a todos los dogmas enseñados por la Iglesia, no tiene contacto con la verdad”. (Attente de Dieu)
    “Existe en la naturaleza la energía calórica, la energía mecánica, la energía vital, la energía dadora de vida contenida en el germen, la energía irradiante contenida en la luz.
    Nuestra ciencia no conoce más que las dos primeras.
   ¿Son idénticas las dos últimas? La antigüedad parece haberlas identificado. El Espíritu - o soplo ígneo, πνεύμα - hace vivir. Los antiguos (pitagóricos, estoicos) definían el semen del macho, en la generación, como un πνεύμα.
    El πνεύμα es lo que da vida, la carne no sirve para nada.
    Las palabras que os acabo de decir son espíritu y vida.
   Yo soy el pan de vida, el que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
    “El Espíritu de verdad - el soplo ígneo de verdad, la energía de la verdad - es al mismo tiempo el Amor. πνεύμα, el soplo ígneo. Es la energía suscitada por el amor. El yoga respiratorio auténtico se basa sin duda en la idea de πνεύμα. Es esto lo que se llama aliento o soplo vital. El yoga respiratorio - ¿es quizá menos una técnica que una manera de hacer de la respiración un sacramento?"
    “Hay una gran diferencia entre una verdad reconocida como tal, y en calidad de tal introducida, acogida en un espíritu, y una verdad que se encuentra en el alma en estado activo y posee la virtud de destruir los errores evidentemente incompatibles con ella. La virtud activa de la verdad es el πνεύμα άγιον, la energía divina. Un grano infinitesimal de verdad activa destruye poco a poco todo el error. El grano de mostaza es la más pequeña de todas las semillas...”
    “El intercambio de amor entre Dios y la criatura es un trazo de fuego vertical como el rayo. Es un intercambio entre lo más alto del cielo y lo más bajo del abismo, en línea recta”.
    "Hemos nacido con una deformación congénita del sentido de la dirección que hace que al subir tengamos la sensación de descender, y que al descender tengamos la sensación de subir”.
    “El fuego en la caverna de Platón es la fuerza física, la energía en el sentido en que la física moderna emplea esta palabra”.

Al final de sus Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Simone Weil escribió:
    “Sólo los fanáticos pueden conceder valor a su propia existencia sólo en la medida en que sirve a una causa colectiva. Reaccionar contra la subordinación del individuo a la colectividad implica comenzar por rechazar la subordinación del propio destino al curso de la historia. Para decidirse a semejante esfuerzo de análisis crítico basta con comprender que permitiría a quien lo emprendiese escapar del contagio de la locura y el vértigo colectivo, renovando por su cuenta, por encima del ídolo social, el pacto original del espíritu con el universo”.
                                                               
Jonathan Smith
Felixstowe , September 2011

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