miércoles, 15 de febrero de 2012

EL EVANGELIO GNÓSTICO DE TOMÁS

-algo de lo que en él se dice-

Jesús dijo:
Si aquellos que os guían os dicen,
“Mirad, el Reino está en el cielo”.
Entonces los pájaros del cielo os precederán.
Si os dicen, “Está en el mar”.
Entonces los peces os precederán.
Pero el Reino está dentro de vosotros y está fuera de vosotros.
Si llegáis a conoceros a vosotros mismos,
entonces seréis conocidos y conoceréis que sois los hijos del Padre Vivo.
Pero si no os conocéis a vosotros mismos,
entonces sois pobres y sois pobreza.

Jesús dijo:
Bienaventurados los solitarios y los elegidos,
porque vosotros encontraréis el reino.
Y así como venís de él, volveréis a él de nuevo.

Jesús dijo:
Si os dicen, “¿Cuál es vuestro origen?”
Decidles, “Hemos venido de la luz, de donde la luz se originó a sí misma.
Allí estaba afincada y se manifestó en su imagen”.
Si os preguntan, “¿Quiénes sois vosotros?”
Decidles, “Somos sus hijos y somos los elegidos del Padre Vivo”.
Si se os pregunta, “¿Cuál es la señal de vuestro Padre en vosotros?”
Decidles, “Es movimiento y reposo”

Dijo Jesús: El que busque no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo.

Dijo Jesús: Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto.

Le preguntaron sus discípulos diciéndole: “¿Quieres que ayunemos? ¿Y de qué forma hemos de orar y dar limosna, y qué hemos de observar respecto a la comida?” Jesús dijo: “No mintáis ni hagáis lo que aborrecéis, pues ante el cielo todo está patente, ya que nada hay oculto que no termine por quedar manifiesto y nada escondido que pueda mantenerse sin ser revelado”.

Los discípulos dijeron a Jesús: “Sabemos que tú te irás de nuestro lado. ¿Quién va a ser el mayor entre nosotros?” Díjoles Jesús: “Dondequiera que os hayáis reunido, dirigíos a Santiago el Justo, por quien el cielo y la tierra fueron creados”.

Dijo Jesús a sus discípulos: “Haced una comparación y decidme a quién me parezco”. Díjole Simón Pedro: “Te pareces a un ángel justo”. Díjole Mateo: “Te pareces a un filósofo, a un hombre sabio”. Díjole Tomás: “Maestro, mi boca es absolutamente incapaz de de decir a quién te pareces”. Respondió Jesús: “Yo ya no soy tu maestro, puesto que has bebido y te has emborrachado del manantial que yo mismo he medido”. Luego le tomó consigo, se retiró y le dijo tres palabras. Cuando Tomás se volvió al lado de sus compañeros, le preguntaron éstos: “¿Qué es lo que te ha dicho Jesús?” Tomás respondió: “Si yo os revelara una sola palabra de las que me ha dicho, cogeríais piedras y las arrojaríais sobre mí. Entonces saldría fuego de ellas y os abrasaría”.

Díjoles Jesús: Si ayunáis os engendraréis pecados, y si hacéis oración se os condenará, y si dais limosnas haréis mal a vuestros espíritus. Cuando vayáis a un país cualquiera y caminéis por las regiones, si se os recibe, comed lo que os presenten y curad a los enfermos entre ellos. Pues lo que entra en vuestra boca no os manchará, mas lo que sale de vuestra boca eso sí os manchará.

Dijeron los discípulos a Jesús: “Dinos cómo va a ser nuestro fin”. Respondió Jesús: “¿Es que habéis descubierto ya el principio para que preguntéis por el fin? Sabed que donde está el principio, allí estará también el fin. Dichoso aquel que se encuentra en el principio: él conocerá el fin y no gustará la muerte”.

Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: “Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino”. Ellos le dijeron: “¿Podremos nosotros - haciéndonos pequeños - entrar en el Reino?” Jesús les dijo: “Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra. Cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de una imagen, entonces podréis entrar en el Reino”.

Dijeron sus discípulos: “Instrúyenos acerca del lugar donde moras, pues sentimos la necesidad de indagarlo”. Díjoles: “El que tenga oídos, que escuche: en el interior de un hombre de luz hay siempre luz y él ilumina todo el universo. Sin su luz reinan las tinieblas”.

Dijo Jesús: Yo estuve en medio del mundo y me manifesté a ellos en carne. Los hallé a todos ebrios y no encontré uno siquiera con sed. Y mi alma sintió dolor por los hijos de los hombres, porque son ciegos en su corazón y no se percatan de que han venido vacíos al mundo y vacíos intentan otra vez salir de él. Ahora bien: por el momento están ebrios, pero cuando hayan expulsado su vino entonces se arrepentirán.

Dijo Jesús: El que la carne haya llegado a ser gracias al espíritu es un prodigio, pero el que el espíritu haya llegado a ser gracias al cuerpo es prodigio de prodigios. Y yo me maravillo cómo esta gran riqueza ha venido a alojarse en esta pobreza.

Dijo Jesús: Lo que escuchas con uno y otro oído, pregónalo desde la cima de vuestros tejados. Pues nadie enciende una lámpara y la coloca bajo el celemín o en otro lugar escondido, sino que la pone sobre el candelero para que todos los que entran y salen vean su resplandor.

Sus discípulos dijeron: “¿Cuándo te nos vas a manifestar y cuándo te vamos a ver?”
Dijo Jesús: “Cuando perdáis el sentido de la vergüenza y, cogiendo vuestros vestidos, los pongáis bajo los talones como niños pequeños y los pisoteéis, entonces veréis al Hijo del Viviente y no tendréis miedo”.

 Dijo Jesús: Los fariseos y los escribas recibieron las llaves del conocimiento y las han escondido: ni ellos entraron ni dejaron entrar a los que querían. Pero vosotros sed cautos como las serpientes y sencillos como las palomas.

Dijo Jesús: Haceos pasajeros.

Le dijeron sus discípulos: “¿Quién eres tú para decirnos estas cosas?” Jesús respondio: “Basándoos en lo que os estoy diciendo, no sois capaces de entender quién soy yo. Os habéis vuelto como los judíos, ya que éstos aman el árbol y odian su fruto, aman el fruto y odian el árbol”.

Dijo Jesús: A quien insulte al Padre se le perdonará, y a quien insulte al Hijo también se le perdonará. Pero quien insulte al Espíritu Santo no encontrará perdón ni en la tierra ni en el cielo.

Un hombre le dijo: “Di a mis hermanos que repartan conmigo los bienes de mi padre”. Él replicó: “¡Hombre! ¿Quién ha hecho de mí un repartidor?” Y se dirigió a sus discípulos, diciéndoles: “¿Es que soy por ventura un repartidor?”

 Dijo Jesús: Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo, el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo, levantad una piedra y allí me encontraréis.

 Ellos le dijeron: “Dinos quién eres tú, para que creamos en ti”.  Él les dijo: “Vosotros observáis el aspecto del cielo y de la tierra, y no habéis sido capaces de reconocer a aquel que está ante vosotros ni de intuir el momento presente”.

Dijo Jesús: El reino del Padre se parece a una mujer que tomó un poco de levadura, la introdujo en la masa y la convirtió en grandes hogazas de pan. Quien tenga oídos, que oiga.

 Dijo Jesús: El reino del Padre se parece a una mujer que transportaba un recipiente lleno de harina. Mientras iba por un largo camino, se rompió el asa y la harina se fue desparramando a sus espaldas por el camino. Ella no se dio cuenta ni se percató del accidente. Al llegar a casa puso el recipiente en el suelo y lo encontró vacío.

Dijo Jesús: El reino del Padre se parece a un hombre que tiene intención de matar a un gigante: desenvainó primero la espada en su casa y la hundió en la pared para comprobar la fuerza de su mano. Entonces dio muerte al gigante.

Le mostraron a Jesús una moneda de oro, diciéndole: “Los agentes del César nos piden los impuestos”. Él les dijo: “Dad al César lo que es del César, dad a Dios lo que es de Dios y dadme a mí lo que me pertenece”.

Dijo Jesús: Quien conociere al padre y a la madre, será llamado hijo de prostituta.

Dijo Jesús: Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una sola, seréis hijos del hombre, y si decís: ¡Montaña, trasládate de aquí!, se trasladará.

Dijo Jesús: El Reino se parece a un pastor que poseía cien ovejas. Una de ellas - la más grande - se extravió. Entonces dejó abandonadas las noventa y nueve y se dio a la búsqueda de ésta hasta que la encontró. Luego - tras la fatiga - dijo a la oveja: Te quiero más que a las noventa y nueve.

Le dijeron sus discípulos: “¿Cuándo va a llegar el Reino?”
Dijo Jesús: “No vendrá con expectación. No dirán: ¡Helo aquí! ¡Helo allá!, sino que el reino del Padre está extendido sobre la tierra y los hombres no lo ven”.

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